Sobre Guillermo González

Por Alex Martínez Suárez, arquitecto, docente y curador

Guillermo González Sánchez (1900-1970). Maestro de la arquitectura dominicana. Inició su carrera como dibujante en el departamento de Obras Públicas de Santo Domingo, antes de irse a estudiar a Estados Unidos, donde también obtuvo experiencia laboral, al igual que en España. Tras su retorno a su país natal tuvo una dilatada carrera profesional y trazó las pautas de una nueva tendencia de gran expresión vanguardista en la arquitectura nacional y regional.


Su obra posee una capacidad de síntesis de distintas influencias, principalmente su experiencia directa en Norteamérica y Europa. Con su espíritu inquieto e innovador, en ella se destaca la traducción de los preceptos modernos al contexto local, pero dejando evidentes las influencias de Le Corbusier, Gropius, Neutra, Aalto y otros.

 

En su trabajo manejó con gran versatilidad distintas tendencias estilísticas, sobre todo en su obra habitacional, en la que se destaca un extraordinario manejo espacial, armonía en las composiciones volumétricas y sentido climático del contexto caribeño y tropical, que lo hicieron merecedor del respeto y la admiración del gremio. También colaboró con destacados profesionales de su época.

 

Fungió como catedrático de la Universidad de Santo Domingo durante más de dos décadas, y enseñó enérgicamente alrededor de una mesa de dibujo con cartabón y lápiz en mano. De sus aulas salió una talentosa generación que dejaría una profunda huella en nuestro país.


Del trabajo de González heredamos los más icónicos proyectos modernistas de nuestro territorio. Dentro de esta lista se encuentran el edificio Copello, el parque infantil Ramfis, los conjuntos urbanos de la Ciudad Universitaria y la Feria de la Paz, el demolido Hotel Jaragua y el Hotel Hamaca, entre muchos otros.

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Testimonio

Guillermo González es, sin duda, el arquitecto que implantó la arquitectura moderna en la República Dominicana, no solo por las características de su obra, sino también por su enseñanza. El diseño del Hotel Jaragua original es una unidad armónica en la que las partes se entrelazan para formar el todo. González lo concibió siguiendo los principios que proponían los maestros de la arquitectura internacional: diseñar un elemento único, una pieza cuya forma se bastara a sí misma para expresar su contenido. Su construcción, a principios de la década de los 40, significó un cambio total en la arquitectura que se hacía en el país, influida todavía por el art déco y el art nouveau.

 

Tuve la suerte de que González fuera mi maestro en el momento en que yo necesitaba una orientación adecuada sobre la arquitectura moderna. González era un profesor que imponía su diseño. Los estudiantes llevábamos nuestros trabajos al taller. Él los miraba, les colocaba un papel encima y hacía su propia interpretación de lo que nosotros debíamos haber presentado. “Dibújenlo ahora, sin cambiar un solo trazo”, nos decía, lo cual significaba que debíamos repetir el diseño del profesor sin dar cabida a nuestras propuestas.

 

Era una imposición que, sin embargo, nos satisfacía, pues para nosotros no había otra manera de entender cómo se obtenían resultados significativos. Para sus estudiantes, era ver cómo la imaginación dominaba la forma. Su espontaneidad al realizar estas modificaciones nos dejaba admirados por la prontitud con que las hacía. Solo un profesor muy seguro de sí mismo podía producir los resultados que obtenía. A partir de nuestro contacto con González, los estudiantes entramos en las complejas interioridades de la arquitectura moderna y pudimos comprender qué proponían los maestros internacionales con sus obras. 

Manuel Salvador Doi Gautier

Melisa Vargas

Arquitecta e investigadora, docente de UNIBE

La obra de Guillermo González es axial para el Caribe por razones muy analizadas en publicaciones, conversatorios y clases universitarias de arquitectura local durante décadas. Sin embargo, esta apreciación de dicho patrimonio moderno no parece darse fuera del ámbito académico y editorial de la profesión. Es crucial, como dice Dana Arnold, que encontremos “el uso de este pasado”, que pensemos en la readecuación de las edificaciones y conjuntos urbanos existentes con usos eficientes y sin dañarlos. Solo así podremos evitar que pase lo mismo que con el Hotel Jaragua (en ese caso, aunque tal vez polémica, mi opinión es que valdría la pena reconstruirlo al pie de la letra). 

Marcos Blonda

Arquitecto y crítico, docente de la PUCMM

Guillermo González o las seducciones del espíritu del lugar. Es la década de 1940 y el mar pega fuerte contra el arrecife que sostiene la avenida bordeada de palmeras; más allá, un hotel níveo, moderno y tropical se posa sobre la tierra. Moderno y tropical son los adjetivos que mejor definen la obra de Guillermo González, quien supo crear una arquitectura que fue local y al mismo tiempo universal. En esa época se forja la modernidad dominicana, que nace acorralada por el exiguo espacio de la dictadura. En esas condiciones limitadas pudo González darle vuelo a unos edificios que combinan al mismo tiempo los valores internacionales de lo moderno con lo singular de un paisaje tropical luminoso. 

Lucía Martínez

Estudiante de UNIBE

Guillermo González siempre ha formado parte de mi vida. Crecí viendo todos los días la Feria de la Paz, y considero que esto dio nacimiento a mi pasión por la arquitectura. Desde temprana edad me llamó la atención su arquitectura de líneas simples y de órdenes claros. Al estudiarlo, la sencillez contundente del Edificio Copello, la modernidad evidente de la Casa Pichardo, entendí la importancia de su propuesta y se amplió mi visión del mundo de la arquitectura. Me enseñaron su valor e importancia en la historia de la arquitectura dominicana. Es una arquitectura trascendente en el tiempo, que hasta el día de hoy sigue influyendo en nuestra sociedad, y seguirá siendo objeto de estudio para futuros arquitectos.